Archivo

Archivo para agosto 5, 2010

Tzilacatzin

agosto 5, 2010 1 Comentario

Y este Tzilacatzin era de grado otomí. (…) Por eso no tenía en cuenta al enemigo, quién bien fuera…

El capitán mexica Tzilacatzin

Visión de los vencidos

El 28 de febrero del 2009, Juan Manuel Marquez enfrentaba a un Juan Díaz que sólo llevaba consigo una derrota, contra Nate Campbell, un 8 de marzo del 2008, en la plaza de toros de Cancún, Quintana Roo. Un Juan Díaz que, entre otras cosas, era un boxeador de lengua larga, un boxeador que quiso captar al público mexicano, pero que fracasó y prefirió navegar con la bandera en alto del estado de Texas, ese que lo vio nacer. Díaz, estaba seguro hasta ese 28 de febrero del 2009, que noquearía a un Marquez que venía de reponerse de una derrota (la cual perdió injustamente contra el filipino Manny Pacquiao), al vencer al cubano, Joel “El cepillo” Casamayor, en el onceavo por nocaut técnico.

Todo, por momentos parecía irle bien al norteamericano Juan Díaz, quién por algunos lapsos de aquella pelea parecía avasallar al mexica Juan Manuel Marquez. En verdad, algunos episodios resultaron malos para el defeño, pero llegó el tan recordado round noveno, para que Juan Díaz mordiera el polvo, y cayera instantáneamente con un uppercut que el mexicano le asestó de manera excelsa. Juan Díaz ya no pudo seguir, y Juan Manuel Marquez se alzaba con una victoria crucial, no solo por los campeonatos que se encontraban vacantes, sino porque había demostrado que la edad no era un problema a considerar en un boxeador de su calidad. Aquel 28 de febrero, como todas sus peleas, Juan Manuel Marquez nos dio cátedra de lo que significa dejar el corazón en el ring, en lo que se trabaja y en lo que se ama.

De aquel día, Juan Díaz no aprendió nada. Siguió de testarudo, y de sus dos peleas siguientes (ambas con el mismo púgil, Paul Malignaggi), sólo ganó una. Hay secuelas boxísticas que son memorables, Ruelas en contra de Gatti, el mismo Márquez contra Pacquiao, ó trilogías como las de Barrera en contra de Morales, pero parece que Juan Díaz no pertenece a esa categoría. Aún así, Marquez le daría la revancha el pasado 31 de julio.

De aquella pelea, vino para Marquez la controvertida afrenta en contra del norteamericano Floyd Mayweather, -que según BoxRec.com, es el mejor libra por libra, cosa en la que estoy de acuerdo-. Marquez, a pesar de no poder contra el extraordinario Mayweather, mostró, como siempre, corazón, aunque esto no sea lo suficiente para ganar, el box es un deporte también de sesudos, y esto muy pocos mexicanos lo saben, quienes generalmente se fajan dentro del ring. Esa noche, el corazón no le ayudó a Marquez, y mucho menos en contra de un hombre que le rebasaba en peso, había quedado claro entonces que aquella pelea se había conseguido por la importante entrada de dinero que ambos peleadores tendrían. Marquez perdió, sí, pero el mexica demostró ser un “hombre sin miedo” en la arena, que no le importa enfrentarse a quién sea, incluso, si pudiera hacerlo contra Klitschko, sin duda lo haría.

Lo siguiente a esa derrota fue la revancha de Díaz. Una pelea que generaba expectativas, sobre todo porque Díaz había demostrado en la primera pelea que era un buen boxeador. La velada se vio precedida por peleas interesantes, Rocky Juarez en contra del venezolano Jorge Linares, Seth Michell versus Derek Bryant, ó Juan Montiel enfrentando a Mike Peralta, pero hubo dos que llamaban la atención, Robert Guerrero en contra de Joel “El cepillo” Casamayor (el mismo que había sido derrotado por Marquez, y los invictos Dmitry Pirog y Daniel Jacobs. La estelarizada por un Robert Guerrero deslucido y por un Joel “El cepillo ” Casamayor desdibujado y en ocasiones temeroso fue de lo peor de esa noche. El combate llegó hasta la última instancia con victoria para el norteamericano, pero tuvo un sabor a mediocridad, y se vio a un Guerrero fuera de cancha y falto de caracter.

Lo peculiar de la noche vendría con el duelo de invictos, uno ruso y otro norteamericano, una batalla propia de la Guerra Fría. La televisión mostraba a un Jacobs confiado y que subía al ring alardeando, mientras, al ruso Pirog, mesurado y coqueto, guiñandole el ojo a la cámara en dos ocasiones y manteniendo una sonrisa amable. Desde el principio Pirog demostró boxear bien, tiraba golpes certeros y su técnica era disciplinada, tirar un jab, y desde ese punto, analizaba la situación de inmediato y despedía ganchos cuando Jacobs se enconchaba, o lanzaba una combinación uno, uno, dos, ó uno, dos, uno, gancho, para abrir al norteamericano, pero en cualquiera de los casos, regresaba a su guardia de inmediato, como si de eso dependiera su vida, y era verdad. En ese tono se mantuvo el de Temryuk, lanzando combinaciones, acorralando, manejando muy bien sus pasos laterales y asestando jabs o cruzados que en los dos primeros asaltos, pusieron mal al norteamericano. Parecía que era cuestión de tiempo que Pirog tuviera fortuna, y solo en el tercer round, Pirog salió un poco de su zona de seguridad para mostrarse más confiado, pero Jacobs le demostró que debía tener cuidado, sobre todo de un hombre que llevaba un record de 17 nocauts en 20 peleas. Para el cuarto y el quinto round, Pirog parecía haber resuelto la ecuación, y se fue a la carga contra un Jacobs que aún no descifraba el código para mantener a un Dmitry -rápido y fuerte- a distancia, pero Jacobs olvidó el jab, y eso tuvo su precio. Algo que gusta de Pirog al verlo boxear, es su manera de caminar en el cuadrilátero, hay momentos en los que se debe caminar a dos pies y salirse un poco de esa posición clásica, y Pirog sabía manejar bien esos instantes. Jacobs trataba de alejarse pero era inútil, y fue precisamente en una combinación mientras Pirog caminaba cuando un cruzado del ruso derribó al norteamericano. Y se acabó todo para el de New York. Fue así como el título mediano de la WBO tuvo dueño. Hacía mucho tiempo que no veía a boxeador como Pirog desde Zaragoza, con movimientos elusivos, una defensa extraordinaria y un ataque certero y bien elaborado. Esa noche Pirog nos enseñó que el boxeo es algo más que tirar golpes.

Y vino Marquez contra Díaz. Las expectativas no eran para menos, una revancha siempre es cosa seria, y Marquez lo sabía. El mexicano llegó con una muy buena preparación, y en sus ojos se notaba concentración y deseo. Pero Díaz no fue tan estricto consigo mismo. Al llegar a la arena, vimos a un texano fuera de condición y ya en la pelea, a un joven torpe que se había traicionado así mismo. ¿Por qué?, porque abandonó por completo su estilo boxístico. No era el mismo de la primera afrenta y se notaba inseguro y por momentos demasiado precavido, eso a la postre fue su perdición al tener a un fajador en frente. Por momentos hubo chispazos por parte del cowboy, pero fueron momentos raros y esporádicos, cosa que aprovechó el de la ciudad de México. Y así fue la pelea, todo a favor -porque así lo busco- del mexica, con combinaciones interesantes, bravo y conciso, y lanzando esos uppercuts que tanto le hacen daño a Díaz. Si bien no fue la mejor pelea de Marquez -sobre todo por el rival-, agradezco sobremanera que individuos como él suban al ring. Por momentos, Marquez plantaba ambos pies y se fajaba contra Díaz, pero el texano no rendía y se retiraba, y a lo largo de la pelea, el mexicano hacía lo mismo, y lo hizo en el último round, en los últimos diez segundos, esos en donde un hombre demuestra que lo es. Y al último respiro de la confrontación, con el pecho erguido, como aquel capitán mexica Tzilacatzin que encontramos en la Visión de los vencidos, bravo y altivo, todavía encaró al texano, pero ya no había nada porque pelear, y Díaz regreso derrotado a su esquina.

La pasada noche del 31 de julio, Marquez ganó y le dejó claro a Juan Díaz y al mundo el lugar que tiene en el boxeo -de los pocos boxeadores que tienen un cinturón de campeón de la cotizada revista Ring magazine-, y también, que México no sólo es Chávez, Nápoles, ó Sal Sánchez, sino también que el ahora tiene nombre, y ese es Juan Manuel Marquez, un presente que comienza a esfumarse y que debemos comenzar a agradecer en voz alta por tantas satisfacciones dadas. Esta última pelea le ha dejado un gran aprendizaje a nuestro gran capitán mexica, y eso es que debe retirarse ya, colgar los guantes y salir por la puerta correcta. En este último enfrentamiento, Marquez -a pesar de su gran condición física- ha demostrado que el tiempo es inmisericorde y el cansancio comienza a notarse y nuestro guerrero debe descansar ya.  Y a nosotros… a nosotros solo nos queda decir gracias Marquez, gracias campeón.

Agosto 2010.

Categorías:Deporte
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.