Larga espera
Era el primero de enero de 1992. El equipo de fútbol americano de la Universidad de Alabama había sido invitado para enfrentarse a sus similares de la Universidad de Miami, en lo que sería la primera final de campeonato nacional bajo la tutela del Bowl Coalition, un predecesor del ahora Bowl Championship Series. Alabama llegaba como el número 2 de la nación, con un record de 12-0-0. El número 1, Miami, llegaba con un record de 11-0-0, y defendía el titulo nacional colegial. Para muchos, Miami conseguiría el bicampeonato, escoltados por el entonces premio Heisman, Gino Torreta, quién después jugaría para los Vikingos de Minnesota. Pero algo había dentro del equipo de Alabama que parecía hacerlos invencibles y que, de antemano, un mes antes, había pasado su mejor prueba al vencer a la Universidad de Florida (8-3) por 28 puntos a 21. Para muchos, la final adelantada. Miami por el contrario, había pasado 4 encuentros de manera ahogada, Arizona, Florida State, Penn State y Syracuse. Ellos no tuvieron final de conferencia.
El partido en aquel entonces, hasta la primera mitad parecía anormal, con la Marea púrpura adelante por 13 a 3, pero alcanzable para Miami. Sin embargo, para el segundo capítulo del encuentro todo fue diferente para los de la Florida, y bastante apremiante para los de Tuscaloosa, anotando 21 puntos y dejando solo en 7 a los Canes, para un marcador final de 34 a 13. Aquel día Gino Torreta desapareció, siendo interceptado en tres ocasiones, e incluso, al final de la temporada, cuestionado acerca de su obtención del Heisman. Aquel día primero de enero de 1992, en el domo de Louisiana, Alabama ganó con autoridad su campeonato número 12, séptimo desde la era de 1950, cuando se instaura el sistema de rankings (el cual es llevado por diferentes asociaciones y que van definiendo el destino del campeonato nacional de fútbol americano colegial), y así fue que comenzó la espera.
Lo que vino después de aquel campeonato fueron claro-oscuros. La segunda edad media de la Marea. De aquel año hasta el 2008, habían ganado 6 tazones, perdido 5, y en otras cinco ocasiones (1995, 1997, 2000, 2002 y 2003) no fueron invitados a ninguno, nada peor desde aquellos cuatros años fatídicos (1954-58), en donde el coach Jennings B. Whitworth figuró como el representante de la época más perdedora de la universidad. También, en el 2000, la NCAA sancionó a la universidad por un supuesto soborno para que un jugador firmara con Alabama, colocándola fuera de cualquier tazón por dos años (2002-03) y con cinco años de probación en donde no podían ser elegibles para competir por el campeonato nacional. En la universidad ya se comenzaba a sentir esa desesperación por revivir viejas glorias, y tras el fracaso de Dennis Franchione, contrataron a quién fue su quarterback titular en los años 1984-86, Mike Shula. Pero Shula tampoco pudo sacar a flote a un equipo que parecía destinado al fracaso, y tras un trabajo mediocre ganando solo un tazón de tres en los que participó como head coach de la Marea púrpura, fue despedido para 2006.
Parece que los directivos universitarios deseaban recuperar los tiempos dorados, y estaban dispuestos a cualquier costo, por llevar a la Universidad de Alabama a los primeros lugares. Contrataron para la temporada del 2007, a Nick Saban, quién se encontraba en aquel entonces como head coach de los Delfines de Miami, en la liga profesional de fútbol americano en los Estados Unidos (NFL). El contrato fue millonario (32 millones de dólares), y las expectativas demasiadas. Saban, quién ya había sido campeón en el 2003 como head coach de la Estatal de Louisiana, y quién es conocido como un personaje controvertido, y sobre todo interesado, tomó las riendas de un equipo que ni siquiera estaba en fase de reconstrucción. Pero Saban comenzó a realizar ese trabajo.
Para su primera temporada con la Marea púrpura, dejó al equipo en un tercer lugar de conferencia, con una temporada apenas ganadora (7-6) y un discreto triunfo en el Independence Bowl en contra de los Búfalos de Colorado por 30-24. Para la segunda temporada, quedó claro que Saban trabaja a corto plazo. De manera increíble, llevó al equipo a ocupar el número uno de la nación, situación que no lograban desde 1981. Fue hasta el final de conferencia, en contra de la Universidad de Florida, que perdieron ese privilegio. Alabama quedó entonces con una marca de 12-2 -una segunda derrota en el Sugar Bowl en contra los Utes de la Universidad de Utah por 31-17-, en el sexto del ranking nacional y a un paso de llegar al campeonato nacional. Curiosamente, los dos partidos que perdieron, fueron en contra de los dos campeones nacionales (cabe señalar que en muchas ocasiones, el campeonato es compartido, aunque exista una final determinada por los rankings).
Un año después todo fue diferente, y parecía que la historia se repetía desde aquel lejano 1992. Alabama por esa ocasión llegaba como número dos de la nación, y se enfrentaba, en la final de conferencia, contra el número uno, un rival de antaño, y quiénes los habían derrotado un año antes, la Universidad de Florida. Pero nada fue igual que aquel Sugar Bowl de 1993. Alabama mantuvo en línea a una de las mejores ofensivas del país, y con ello, destrozaron a los que parecían ser los campeones por segundo año consecutivo. El marcador final fue 32 puntos a 13.
Tuvieron que pasar 17 años para que la Universidad de Alabama llegara a una final, en esta ocasión en contra de una de las pocas universidades que los ha mantenido en jaque en ocho partidos que han disputado en diferentes épocas, la Universidad de Texas. La marca era de 7-0-1, en favor de los Longhorns. El único partido que Alabama había logrado empatar, fue en 1960. Las estadísticas históricas parecían apuntar en favor de los tejanos, sin embargo, la historia también decía que el Rose Bowl le venía bien a la Marea. Alabama es la única universidad ajena a las conferencias del Big Ten o a la Pac-10 -conferencias que tienen la exclusiva en el Rose Bowl-, que ostenta más apariciones en dicho juego, con buenos números, de seis apariciones, 5 de ellas victorias y un empate; pero las estadísticas de la temporada pasada, decían otra cosa. Alabama venía de ganar su primer premio Heismann en la historia, con Mark Ingram, y su defensiva había demostrado en la final de conferencia su fuerza. Texas, por el contrario había mostrado debilidad en todos sus departamentos en su último partido contra Nebraska, y era cosa seria. De esta manera, el uno y el dos se enfrentaban en Pasadena, California.
Después de un primer cuarto inestable para Alabama, quién ya había recibido dos goles da campo y encontrarse abajo por seis, el segundo fue mucho mejor y fue la clave para ganar el partido. Aunque la salida temprana de Colt McCoy -producto de un golpe certero por parte de un jugador de Alabama- minó la ofensiva tejana, estaba claro que Texas carecía de ofensiva, y fue solo al final del tercer cuarto y a la mitad del último que la única potencia ofensiva de los Cuernos largos, era una combinación simple entre Gilbert y Shipley. Para la tercera ofensiva de los tejanos, la defensiva de Alabama tenía algo claro: disparar con los linebackers, cosa que no había hecho Alabama en las dos defensivas anteriores. Y fue eso, un disparo del linebacker Eryk Anders quién obligó a Gilbert a perder el balón. Lo demás es historia. Un 37-21 en favor de la Marea. Alabama ganaba su 13vo. titulo aclamado por la universidad, su 17vo. campeonato según la NCAA, o su 12vo. titulo según la College Football Data Warehouse (CFBDW). Como sea, la Universidad de Alabama se encuentra entre las más ganadoras de la historia del fútbol americano colegial en los Estados Unidos, solo abajo de Princeton y Yale, cuyos últimos campeonatos datan de 1950, y 1926 respectivamente.
Parece que todo volvió a la normalidad después de una espera larga. Que el campeonato regresó a su dueño legítimo. Algunos dicen que vuelven las épocas de gloria, al menos ese es el sentimiento que inunda los pasillos de la universidad. Otros, que Nick Saban tendrá en un futuro no muy lejano, casi como un hecho, una estatua de bronce como la de “Bear” Bryant, y es que tan solo en tres temporadas llevó a un equipo sin esperanza, a la perfección, ya lo había hecho con la Universidad Estatal de Louisiana (LSU), en cuatro. Pero en realidad nada de eso importa. La tempestad pasó y la calma llegó; y es hermoso ver volver a un equipo de glorias pasadas, buscar las nuevas. Porque hay equipos prescindibles en cualquier deporte, y en este, la Universidad de Alabama es uno de ellos. Roll Tide!
2010


Ellos dicen